Una Visita Especial…

Los Mariachis con personal del Hospital "Virgen del Rocío"

Comienzo este blog con una historia que no escribí yo, pero de la cual tuve la suerte de ser partícipe.

La Asociación Mexicana de Andalucía de la que soy miembro, hizo los arreglos necesarios para acudir al Hospital “Virgen del Rocío” en Sevilla y realizar una visita a los valientes angelitos de la unidad infantil y  de oncología pediátrica, con motivos mexicanos en los días previos a Navidad.

José Cuadros Moreno, posible familiar de algunos de los niños y que se encontraba aquél día ahí, plasmó cada sentimiento de aquella visita en esta conmovedora narración, disfrútenla…

Hoy día quince de diciembre de 2011 he sido testigo privilegiado, de una de las más impresionantes formas de abrir la puerta a la Navidad, una puerta sin cerraduras, una puerta con clavos de oro, una puerta de caoba, una puerta que solo abre y nunca cierra, una puerta de pena y tristeza, una puerta de ilusión y esperanza, una puerta, una puerta por Dios una puerta.

Una puerta ubicada en el aula de la Unidad de Oncología Pediátrica del hospital Infantil Virgen del Rocío de Sevilla. Es una mañana de niebla algo fría, apenas se veía con claridad a través de las ventanas el paisaje del entorno, en las habitaciones había un especial ajetreo, a los niños y niñas se les iba preparando para asistir, a una pequeña fiesta anunciada de antemano; por los pasillos se comienzan a ver sombreros mexicanos de ancha ala y múltiples bordados, pantalones con adornos  de plata, chaquetillas cortas igualmente adornadas, todos de color negro, blusas de un blanco inmaculado y botas de alto tacón; también, vestidos, uno rojo de amplio vuelo, que al abrirlo, hacían recordar, el ave mítica de los Aztecas, el quetzal, con cuyas plumas hacían aquellos tapices que cuentan los historiadores, obsequiaba el rey Moctezúma a Hernán Cortes a modo de bienvenida, otro blanco marfil de clásico corte ranchero, lucido por una señora de rasgos mezcla de azteca y español, elegante en los gestos y educados modales, que parecía ejercer como portavoz del conjunto de los mariachis, pues de eso se trataba, formado por seis hombres y dos mujeres.

La primera actuación, fue anunciada con esa melodiosa cadencia al hablar propia de ese país, como una pieza típica del folclore mexicano llamado jarabe tapatío, que lo ejecutaba una pareja de jóvenes esbeltos y elegantes, moviéndose a ritmo ágil y airoso al compás de la música característica de esa querida y añorada tierra. Después todo el conjunto cantó esa canción famosa a modo de saludo “estas son las mañanitas”. El aula estaba abarrotada, los niños y niñas situados en semicírculo, de entre unos pocos meses y diez años, con sus caritas blancas y pálidas por efecto de la quimioterapia, unos con expresión de asombro otros inexpresivos, ya que carecían de la fuerza necesaria para expresarlos, con la mirada fija, como ausentes, alguno con síndrome de down.

 En el momento cumbre de la actuación, abriéndose paso entre los múltiples asistentes, como el paralítico que narra el evangelio para ver a Jesús, apareció una cama llevada por enfermeras, en la que iba una niña color caoba de diez años ojos grandes, labios abultados y rosados, se llamaba Maria José como pude comprobar al final, de Guinea Ecuatorial, su mirada entre sorprendida y desubicada, completaban aquel cuadro, increíble por su calidad humana, formando una piña, buscando de una manera natural e inconciente la forma de defenderse de la situación que padecían. Se palpaban todos los sentimientos de las madres sujetando con ahínco las perchas sobre ruedas de las que pendían los sueros  los medicamentos y  las bombas a las cuales estaban conectados, todas agarradas a la vida con esperanza , tratando de contagiar a sus hijos, de darles apoyo y fuerzas para resistir ¿ cuantos alcanzaran la meta?.

La música seguía al compás de un corrido mexicano, cuando uno de los oncólogos E. Q. y la maestra acompañaron este baile de una manera rítmica y vistosa, al terminar, la ovación fue unánime no solo por la ejecución, sino mas bien por la predisposición a colaborar, ¡que momentos! ¡que muda plegaria!, con que fuerza nos aferramos a la vida mientras esa escasa fuerza no nos abandone. Después mas canciones de villancicos conocidos, acompañados y coreados por todos los asistente al son de las guitarras. Al final, dos de los mariachis, portando una enorme cucaña en forma de estrella de mar y forrada de papeles de colores, sujetadas por unas cuerdas y a la altura de los peques, iba pasando de uno en uno para que con un palo trataran de romperla, los que no podían eran ayudados por sus madres, fue emocionante ver con que animo con que fuerza lo hacia la niña de guinea, hasta que en uno de los muchos golpes recibidos, el maná que contenía cayó desparramado por el suelo, todos y todas acudieron a recoger las golosinas para después ponerlas  sobre las piernas de cada uno de los hijos, que esperaban con ilusión, estos regalos aunque en muchos de los casos no pudieran degustarlos.

En este bunker de la vida, se aprecia se palpa la grandeza del cariño del apoyo, a estas personas en ciernes, que necesitan tanto los cuidados del cuerpo como los del alma, cada uno de ellos único exclusivo e irrepetible. ! Por Dios no los abandones!

 

                             JOSE  CUADROS MORENO

 

                                   FELICIDADES

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2 respuestas a Una Visita Especial…

  1. Mariola dijo:

    Es un relato precioso, me ha emocionado. Llevar un poco de alegria a estos niños es muy bonito.

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