Sevilla

“Y cuando vuelva a Sevilla en primavera, volveré a mis 20 años, recorriendo sus callejas…Y volveré al olor de los naranjos, a vivir un Jueves Santo y una mañana de Feria…Me embriagaré de jazmines y azahares, y de tinto de Morales, manzanilla Sanluqueña…Me enamoraré de una niña de Triana y renacerá en mi alma la alegría cuando vuelva” José Manuel Soto.

Sólo el que ha vivído en Sevilla y ahora está lejos, sabe acerca de la verdad impresa en cada una de las palabras de José Manuel Soto en su canción, simplemente e’ toita la verdá, como diría más de un sevillano.

Ciudad edificada sobre los cimientos históricos de una invasión, muchas conquistas, pero sobre todo por el carisma, alegría y cálidez de su gente. Aquí es raro encontrar a alguien que no sepa bailar, cantar o disfrutar de todo aquello que con arte y trabajo se ha labrado y que ahora forman parte del acervo cultural, artístico e histórico que reposa a la vera del Río Guadalquivir.

Porque el andaluz es así, es artista y su escenario, su Sevilla, que a la sombra de la “Giralda” escucha las campanadas de otro Jueves Santo y sobre las callejas de piedra está ya, esperando a la “Macarena” al fresco de la Madrugá.

Al son de sevillanas empieza ya la Feria y sólo de la mano de una gitana y de varios rebujitos entre amigos se puede llegar a entender el verdadero significado de esta fiesta. No se puede escribir, ni describir, sólo se puede sentir, como el cantaor siente la Bulería y como la bailaora zapatea al compás.

La Torre del Oro reflejada en el Guadalquivir guarda muchas historias que el Arenal en complicidad calla, de los Galeones Españoles y el Oro que llegaba, al actual caminar de las hermosísimas sevillanas y sevillanos elegantes que portando sus mejores galas van camino a la Maestranza para admirar el coraje del torero valiente que manda un pase natural, mientras el respetable guarda silencio…silencio…hasta que comienza a escucharse el Paso Doble, y al son ya de los Olés hace a todos vibrar.

Y ahí frente a la Plaza, está esa niña, esa niña llamada Triana que es testigo de sálidas por puerta grande o fatídicas tardes de ambulancias y silencios. Y ahí los espera a todos, cruzando por cualquiera de sus puentes, van en busca de consuelo al Altozano o dar la vuelta a San Jacinto ¿Y quién no ha comido un solomillo en Las Golondrinas o ido a ver bailar a la Anselma? Es gratis pasear por Triana y lo mejor de todo, es que enriquece un montón…

Si vas a Sevilla, pasa por la Plaza El Salvador y pídete dos cervezas, una pa la sed y otra pa disfrutar. Vete a comer a La Fresquita en Mateos Gago y preguntále a José el dueño, la historia de todas las fotos y recuerdos cofrade que tiene en la pared, pídete una carne con tomate, una espinacas con garbanzos y unos chicharrones de Cádiz, hay que agarrar energías que aún nos queda conocer el Barrio de Santa Cruz, los Reales Alcazares y la Plaza España.

Si puedes y como último consejo, quedate a vivir ahí…

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5 respuestas a Sevilla

  1. Irina dijo:

    Así se habla!

  2. Tendré que volver!!!!! que hermosa y poética descripción. Dejaste un cachito de ti por allá.

  3. rasaro dijo:

    Olé olé y olé

  4. José Medina Villalba dijo:

    Amigo Pepe: Magnífica descripción, en pocas palabras para imbuirse, en el embrujo de Sevilla. Enhorabuena

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